Tomás Melendo Vs Rousseau, Unamuno y Heródoto: Mi religión… ¿es la verdadera?

Tomás Melendo en “Introducción a la filosofía”. El cristianismo es la religión “verdadera”:

El sentido en que cabe afirmar que el cristianismo es la religión verdadera resulta doble. Por una parte, reivindica para sí el privilegio de ser la religión genuina, aquella querida por Dios para que todos los hombres sean salvos. Y por otra, como veremos enseguida, se postula como la religión “de la verdad”. (…)

Y finaliza con la siguiente tautología:

Podría postularse así: el cristianismo es el credo verdadero porque en él se contiene la verdad. (pag.192)

Rousseau en su libro IV “Emilio, o De la educación”:

Contemplaba la diversidad de sectas que reinan en el mundo y que mutuamente se  acusan de error y mentira, y preguntaba: “¿Cuál es la buena?“. Y me respondía cada uno: “La mía; sólo yo y mis partidarios pensamos bien; todos los demás están equivocados”.  “¿Y cómo sabéis que es buena vuestra secta?”. “Porque lo ha dicho Dios”. “¿Quién os  dijo que lo había dicho Dios?”. “Mi pastor que lo sabe. Me dice que crea esto y lo creo; me  asegura que todos los que dicen otra cosa distinta que él, mienten, y no los escucho”.
¿Conque no es una misma la verdad, pensaba yo, y lo que para mi es verdad, puede ser mentira para otro? Si es uno mismo el método del que sigue el camino recto y del que va
extraviado, ¿qué mérito o qué culpa tiene más uno que otro? Siendo su elección un efecto de la casualidad, es una iniquidad imputársela, es recompensar o castigar por haber  nacido en tal o cual país. El atreverse a decir que Dios nos juzga de ese modo, es agraviar su justicia.

O todas las religiones son buenas y agradables a Dios, o si existe una que El prescribe a los hombres, o los castigue porque no la conocen, habrá dado indicios ciertos y  manifiestos para que la distingan y conozcan por la única verdadera; estos indicios son de todos los tiempos y de todos los países, igualmente sensibles para todos los hombres, grandes y pequeños, ignorantes y sabios, europeos, indios, africanos y salvajes. Si  hubiera una religión en la tierra, fuera de la cual solamente hubiese pena eterna, y si en un país cualquiera del mundo a un solo mortal de buena fe no le hubiera hecho impresión su evidencia, el Dios de esta religión sería el más inicuo y el más cruel de los tiranos.

Miguel de Unamuno en “San Manuel Bueno, Martir”:

Porque si no, me atormentaría tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacer vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto las consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que ha hecho. ¿Y la mia? La mía es consolarme en consolar a los demás aunque el consuelo que les doy no sea el mío.

James Rachel, cita a Heródoto en “Introducción a la filosofía moral”, en su capítulo sobre relativismo cultural:

Porque si alguien, quien sea, tuviera la oportunidad de escoger entre todas las naciones del mundo el conjunto de creencias que le pareciera mejor, después de considerar cuidadosamente sus méritos relativos, inevitablemente elegiría los de su propio país. Todos, sin excepción creemos que nuestras costumbres nativas, y la religión en la que hemos crecido son las mejores.

Paul Henry Dietrich, el barón d’Holbach, en “El cristianismo desvelado”:

El cristianismo no tiene ninguna ventaja sobre las otras religiones del mundo, todas las cuales, a pesar de sus desacuerdos, se dicen emanadas de la divinidad y pretenden tener el derecho exclusivo de sus favores. El hindú asegura que el mismo Brahma es el autor de su culto. El escandinavo recibía el suyo del temible Odin. Si el judío y el cristiano ha recibido el suyo de Yaveh por el ministerio de Moisés y de Jesús, el mahometano asegura haberlo recibido de su profeta inspirado por el mismísimo Dios, así todas las religiones se dicen emanadas del cielo, todas prohíben la utilización de la razón para examinar sus derechos sagrados, todas se pretenden verdaderas excluyendo a las otras, todas amenazan con la ira de los cielos a aquellos que rehúsen someterse a su autoridad; en fin, todas tienen un aire de falsedad por las contradicciones palpables de que están llenas, por las ideas informes, oscuras y siempre odiosas que dan de la divinidad, por las leyes extrañas que le atribuyen, por las disputas que provocan entre sus seguidores; en definitiva, todas las religiones que vemos sobre la tierra no nos muestran sino una madeja de imposturas y de sueños que revuelven por igual la razón. Así, del lado de sus pretensiones, la religión cristiana no tiene ninguna ventaja sobre las otras supersticiones de que el universo está infestado y su origen celestial se ve contestado por todas las otras con tanta razón como ella contesta el de aquellas.

(..)

Si un pagano sensato quisiera abrazar el cristianismo, caería ya desde los primeros pasos en la perplejidad más grande a la vista de unas sectas multiplicadas, cada una de las cuales pretende conducir con más seguridad a la salvación y estar más de acuerdo con la palabra de Dios. ¿Por cual de estas sectas decidirse viendo que se contemplan con horror, y que muchas de ellas condenan sin piedad a las otras en vez de tolerarse, se atormentan y se persiguen y que los que tienen el poder hacen experimentar a los rivales las crueldades más estudiadas y las violencias más contrarias a la tranquilidad de la sociedad? Porque, no nos engañen, poco satisfecho con violentar a los hombres para someterlos exteriormente a su culto ha inventado el arte de tiranizar los pensamientos y de atormentar las conciencias; un arte desconocido para todas las supersticiones paganas. El celo de los ministros de la iglesia no se limita al exterior, investigan hasta las profundidades del corazón, violan de manera insolente su impenetrable santuario y justifican sus sacrilegios y sus ingeniosas crueldades por el gran interés que tienen por la salvación de las almas. Estos son los efectos que resultan necesariamente de una religión que cree que el error es un crimen digno de la cólera de Dios.

 

unicaRealidad
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