Tipos de imbéciles según Savater

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Savater

Fernando Savater en su libro “Ética para Amador” da una definición cuanto menos curiosa, y no exenta de ironía, en la cual, y si somos sinceros con nosotros mismos, encajamos  en mayor o menor medida. Aquí os dejo la categorización del imbécil:

“¿Cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? No ser imbéciles (…) El imbécil puede ser todo lo ágil que se quiera y dar brincos como una gacela olímpica, no se trata de eso. Si el imbécil cojea no es de los pies, sino del ánimo: es su espíritu debilucho y cojitranco, aunque su cuerpo pegue unas volteretas de órdago. Hay imbéciles de varios modelos, a elegir:

a) El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque.

b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez

c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí. Todo lo que hace está dictado por la opinión mayoritaria de los que le rodean: es conformista sin reflexión o rebelde sin causa.

d) El que sabe qué quiere y sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o poca fuerza. A fin de cuentas termina siempre haciendo lo que no quiere y dejando lo que quiere para mañana, a ver si entonces se encuentra más entonado.

e) El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo

(…) Y todavía siento más tener que informarte que síntomas de imbecilidad solemos tener casi todos; vamos, por lo menos yo me los encuentro un día sí y el otro también, ojalá a ti te vaya mejor en el invento… Conclusión: ¡Alerta!, ¡en guardia! ¡la imbecilidad acecha y no perdona!”

Hasta aquí la reflexión de Fernando Savater. Ahora toca la siguiente reflexión:

¿Conoces algún imbécil que se autoproclame como tal? Tú mismo, podrías ser el mayor de los imbéciles y aún no saberlo. En definitiva, todo individuo sabe que la existencia de imbéciles es tan real, como que justo él no lo es. Eso siempre se da por sentado. La pregunta no es si encajas en alguna categoría o no. La pregunta es en que grado encajas en cada una de ellas. No tengas miedo de reflexionarlo sinceramente, si es que de veras, no quieres convertirte en el perfecto imbécil.

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Tipos de tontos. Según Ortega y Gasset: http://wp.me/p379zh-3t

 

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Mario Benedetti: “Los pitucos”.

Benedetti

 

Hijo mío
recuérdalo
son éstos los pitucos

tienen un aire
verdad
que es un desaire

tienen la marca
verdad
de su comarca

mira
son los pitucos
nacen junto a la rabla
respiran el salitre
le hacen guiños al sol
se rascan el ombligo
duermen siestas feroces

besan con labios blandos
y en la rambla se mueren
y van al paraíso
y claro
el paraíso
es también una rumbla

fíjate bien
son ellos
los pitucos
casi una raza aparte
son nietos de estancierros
primos de senadores
sobrinos de sobrinos
de heroicos industriales

son ágiles
imberbes
deportistas
cornudos

mira cómo te miran
bajo sus lentes negros
pero no te preocupes
en el fondo
son buenos

aman los dividendos
escuchan a Stravinsky
se bañan diariamente
con jabón perfumado
y a la hora del crepúsculo
bajan todos al Centro

hijo mío
prométeme
nunca intentes hacerles
zancadillas

los pitucos son tenues
los pitucos son blandos
una bocina
un grito
a veces una huelga
les arruinan el alma

en ocasiones
raras ocasiones
se hacen los malos
dicen palabrotas
pero después se mueren
de vergüenza
y allá en su diario íntimo
se azotan con metáforas

hijo mío
recuérdalo
son éstos los pitucos

tienen un pelo
verdad
que es terciopelo

una cadencia
verdad
que es decadencia


déjalos pasar
son de otra raza
admíralos
toléralos
apláudelos
escúpelos
tírales caramelos
cualquier cosa

después
cuando seas grande
grande
y tengas un hijo
lo tomas de la mano
lo traes aquí a la rambla
y sin darle importancia
le dices
hijo mío
son ésos los pitucos.

¿Qué es la ética?

Vídeo

Si preguntamos a cualquier alumno recién salido del bachillerato no dudará en explicar de forma contundente la parrafada que le enseñaron para superar las pruebas de selectividad. Pero, ¿qué es realmente la ética? ¿es objetiva o subjetiva? ¿es un compendio de valores seleccionados por el hombre? ¿qué papel juega la religión en la ética? Aquí os dejo un caluroso debate entre Jose Antonio Marina, Gustavo Bueno y Manuel Freijó que parece demostrar que no es tan fácil llegar a un consenso al respecto.

Gloria fuertes: “Versos que escribí dormida”.

gloria fuertes

Bebo porque la gente no me gusta,
porque a la gente la quiero demasiado;
las cosas cambian y el ímpetu se enferma,
sé lo que dan de sí los hombres;
sé que hay pocos que prestarían sangre,
sé que hay muchos que me encarcelarían.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Porque la noche es larga y tiene seres,
la vida es corta en cambio y tiene prisa,
la alcoba es grande y el sereno es bizco
y un chinche flaco trepa por el techo.

Bebo para acordarme de estas cosas.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.

Tomás Melendo Vs Rousseau, Unamuno y Heródoto: Mi religión… ¿es la verdadera?

Tomás Melendo en “Introducción a la filosofía”. El cristianismo es la religión “verdadera”:

El sentido en que cabe afirmar que el cristianismo es la religión verdadera resulta doble. Por una parte, reivindica para sí el privilegio de ser la religión genuina, aquella querida por Dios para que todos los hombres sean salvos. Y por otra, como veremos enseguida, se postula como la religión “de la verdad”. (…)

Y finaliza con la siguiente tautología:

Podría postularse así: el cristianismo es el credo verdadero porque en él se contiene la verdad. (pag.192)

Rousseau en su libro IV “Emilio, o De la educación”:

Contemplaba la diversidad de sectas que reinan en el mundo y que mutuamente se  acusan de error y mentira, y preguntaba: “¿Cuál es la buena?“. Y me respondía cada uno: “La mía; sólo yo y mis partidarios pensamos bien; todos los demás están equivocados”.  “¿Y cómo sabéis que es buena vuestra secta?”. “Porque lo ha dicho Dios”. “¿Quién os  dijo que lo había dicho Dios?”. “Mi pastor que lo sabe. Me dice que crea esto y lo creo; me  asegura que todos los que dicen otra cosa distinta que él, mienten, y no los escucho”.
¿Conque no es una misma la verdad, pensaba yo, y lo que para mi es verdad, puede ser mentira para otro? Si es uno mismo el método del que sigue el camino recto y del que va
extraviado, ¿qué mérito o qué culpa tiene más uno que otro? Siendo su elección un efecto de la casualidad, es una iniquidad imputársela, es recompensar o castigar por haber  nacido en tal o cual país. El atreverse a decir que Dios nos juzga de ese modo, es agraviar su justicia.

O todas las religiones son buenas y agradables a Dios, o si existe una que El prescribe a los hombres, o los castigue porque no la conocen, habrá dado indicios ciertos y  manifiestos para que la distingan y conozcan por la única verdadera; estos indicios son de todos los tiempos y de todos los países, igualmente sensibles para todos los hombres, grandes y pequeños, ignorantes y sabios, europeos, indios, africanos y salvajes. Si  hubiera una religión en la tierra, fuera de la cual solamente hubiese pena eterna, y si en un país cualquiera del mundo a un solo mortal de buena fe no le hubiera hecho impresión su evidencia, el Dios de esta religión sería el más inicuo y el más cruel de los tiranos.

Miguel de Unamuno en “San Manuel Bueno, Martir”:

Porque si no, me atormentaría tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacer vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto las consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que ha hecho. ¿Y la mia? La mía es consolarme en consolar a los demás aunque el consuelo que les doy no sea el mío.

James Rachel, cita a Heródoto en “Introducción a la filosofía moral”, en su capítulo sobre relativismo cultural:

Porque si alguien, quien sea, tuviera la oportunidad de escoger entre todas las naciones del mundo el conjunto de creencias que le pareciera mejor, después de considerar cuidadosamente sus méritos relativos, inevitablemente elegiría los de su propio país. Todos, sin excepción creemos que nuestras costumbres nativas, y la religión en la que hemos crecido son las mejores.

Paul Henry Dietrich, el barón d’Holbach, en “El cristianismo desvelado”:

El cristianismo no tiene ninguna ventaja sobre las otras religiones del mundo, todas las cuales, a pesar de sus desacuerdos, se dicen emanadas de la divinidad y pretenden tener el derecho exclusivo de sus favores. El hindú asegura que el mismo Brahma es el autor de su culto. El escandinavo recibía el suyo del temible Odin. Si el judío y el cristiano ha recibido el suyo de Yaveh por el ministerio de Moisés y de Jesús, el mahometano asegura haberlo recibido de su profeta inspirado por el mismísimo Dios, así todas las religiones se dicen emanadas del cielo, todas prohíben la utilización de la razón para examinar sus derechos sagrados, todas se pretenden verdaderas excluyendo a las otras, todas amenazan con la ira de los cielos a aquellos que rehúsen someterse a su autoridad; en fin, todas tienen un aire de falsedad por las contradicciones palpables de que están llenas, por las ideas informes, oscuras y siempre odiosas que dan de la divinidad, por las leyes extrañas que le atribuyen, por las disputas que provocan entre sus seguidores; en definitiva, todas las religiones que vemos sobre la tierra no nos muestran sino una madeja de imposturas y de sueños que revuelven por igual la razón. Así, del lado de sus pretensiones, la religión cristiana no tiene ninguna ventaja sobre las otras supersticiones de que el universo está infestado y su origen celestial se ve contestado por todas las otras con tanta razón como ella contesta el de aquellas.

(..)

Si un pagano sensato quisiera abrazar el cristianismo, caería ya desde los primeros pasos en la perplejidad más grande a la vista de unas sectas multiplicadas, cada una de las cuales pretende conducir con más seguridad a la salvación y estar más de acuerdo con la palabra de Dios. ¿Por cual de estas sectas decidirse viendo que se contemplan con horror, y que muchas de ellas condenan sin piedad a las otras en vez de tolerarse, se atormentan y se persiguen y que los que tienen el poder hacen experimentar a los rivales las crueldades más estudiadas y las violencias más contrarias a la tranquilidad de la sociedad? Porque, no nos engañen, poco satisfecho con violentar a los hombres para someterlos exteriormente a su culto ha inventado el arte de tiranizar los pensamientos y de atormentar las conciencias; un arte desconocido para todas las supersticiones paganas. El celo de los ministros de la iglesia no se limita al exterior, investigan hasta las profundidades del corazón, violan de manera insolente su impenetrable santuario y justifican sus sacrilegios y sus ingeniosas crueldades por el gran interés que tienen por la salvación de las almas. Estos son los efectos que resultan necesariamente de una religión que cree que el error es un crimen digno de la cólera de Dios.

 

unicaRealidad

Manuel Machado: El camino

manuel machado

Es el camino de la muerte.
Es el camino de la vida…

En la frescura de las rosas
ve reparando. Y en las lindas
adolescentes. Y en los suaves
aromas de las tardes tibias.

Abraza los talles esbeltos
y besa las caras bonitas.

De los sabores y colores
gusta. Y de la embriaguez divina.
Escucha las músicas dulces.

Goza de la melancolía
de no saber, de no creer, de
soñar un poco. Ama y olvida,
y atrás no mires. Y no creas
que tiene raíces la dicha.
No habrás llegado hasta que todo
lo hayas perdido. Ve, camina…
Es el camino de la muerte.
Es el camino de la vida.

Introducción a la filosofía por Tomás Melendo, Universidad de Málaga. Más claro…Opus.

Crítica a las constituciones de los países por incluir leyes sobre el divorcio, aborto o eutanasia:

Una correcta concepción de la persona humana, intrínsecamente inclinada a la entrega de por vida y capaz de experimentar positivamente el dolor y el sufrimiento, hubiera hecho mucho más difícil la inclusión en las Constituciones de muchos países “civilizados” de leyes como el divorcio, el aborto, la eutanasia… (pag. 108)

Crítica a la actual moral sexual, a las relaciones extramatrimoniales y homosexualidad con tendencias absolutistas:

También merece una especialísima atención los asuntos relativos a la moral sexual: realidades en otro tiempo minoritarias, como el divorcio, las relaciones pre o extra o más bien contra matrimoniales, las parejas de hecho, la homosexualidad…, están adquiriendo proporciones preocupantes y, sobre todo, cambiando los puntos de referencia de toda una civilización, que casi se ve forzada a admitirlas dentro de lo amparado por el derecho. (…) Como se ha señalado repetidamente, los novísimos y muy graves problemas surgidos a finales del segundo milenio no pueden resolverse con una especie de “consenso” más o menos compartido, que instauraría una “ética autónoma y de mínimas”. (pag. 182)

Halago a la castidad y abstinencia:

Los vicios que más retraen de la actividad intelectiva y, consecuentemente, del efectivo interés por la contemplación de la verdad, son los que atañen a los placeres corpóreos, sobre todo los más intensos, en especial la lujuria (…) y por eso las virtudes opuestas (la abstinencia y la castidad) disponen en máxima medida al hombre a la operación del entendimiento.

La ciencia encaminada al Diseño inteligente:

Ciertamente, como ya se sugería, la valoración de la ciencia que llevan a cabo los científicos y filósofos en estas últimas décadas está experimentando una honda transformación. Éste se sustenta sobre todo en la superación del cientifismo positivista, al que enseguida eludiremos, y, como consecuencia: a) en la contención de los conocimientos obtenidos científicamente dentro de los límites en que en efecto resultan inestimables, b) en la admisión de otros modos de saber dotados también de alcance real (verdaderos), entre los que empiezan a ocupar un lugar relevante la apertura a un Dios inteligente, ordenador y causa de la regularidad dinámica y compleja del universo, que los científicos de hoy están en condiciones de mostrar. (pag. 124)

El cristianismo, religión “verdadera”:

El sentido en que cabe afirmar que el cristianismo es la religión verdadera resulta doble. Por una parte, reivindica para sí el privilegio de ser la religión genuina, aquella querida por Dios para que todos los hombres sean salvos. Y por otra, como veremos enseguida, se postula como la religión “de la verdad”. (…)

Y finaliza con la siguiente tautología:

Podría postularse así: el cristianismo es el credo verdadero porque en él se contiene la verdad. (pag.192)

La fe no se opone a la razón:

Dios, Verdad y Bondad infinitas, ama al hombre hasta el abismo de entregarse hasta la muerte por él, ha puesto en su inteligencia la capacidad de descubrir, al contacto con el mundo creado “verdades” que no pueden contradecir lo revelado por la Verdad que nos ha conducir hasta nuestro destino definitivo de suma dicha en el Cielo. (pag. 141)

Embrión:

Los avances de la genética, por el contrario, permiten concluir de manera irrefutable que el individuo surgido de la unión de los gametos es, desde el momento preciso en que ha sido concebido, una realidad: a) distinta a los padres, y b) idéntica consigo misma durante todo el proceso que la conducirá desde su ya autónoma condición de embrión hasta el estado adulto en el que el hombre manifiesta de forma más clara su naturaleza. (pag. 134)

Sobre el dolor:

La antropología abierta a la trascendencia, por el contrario, alcanza a ver en el dolor un instrumento preclaro para el perfeccionamiento personal, por cuanto, al incitar al enfermo a salir y olvidarse de sí, mejora la categoría del auténtico amor a los demás y a Dios… o al menos, se encuentra invitado a hacerlo. La fe y la teología, por su parte, al incorporarlo a los sufrimientos de Cristo, advierte en el dolor un medio privilegiado de santificación y de identificación con Dios Hijo). (pag. 120)

Sobre el concepto de madre:

Una madre es ante todo una persona, dotada de una múltiple, autónoma y singular misión en la vida y de un destino eterno de comunión con Dios, que desbordan en cualquier caso las particulares funciones que ha de ejercer en relación al hijo. (pag. 118)

Una vuelta al absolutismo más rancio ¿Debe enseñarse esto en la Universidad de Málaga?

En efecto, un cierto relativismo escéptico es la base sobre la que pretenden fundarse hoy las principales conquistas culturales. Y así, una mala caricatura de democracia asentada en buena parte de los países desarrollados repudia cualquier vislumbre de verdades concluyentes, que coartarían -así dicen- la plena libertad de los ciudadanos. Lo único a lo que se aspira es a una especie de consenso sobre los temas controvertidos. En consecuencia, si alguien pretende formular con certeza un juicio acerca de la función de la familia en el seno de la sociedad, o valorar éticamente el aborto, el divorcio o las relaciones homosexuales, si aspira a establecer unos principios básicos estables que iluminen la acción social y política, la entidad de las sociedades intermedias, la superación del simple y prostituyente economicismo… será tachado de dogmático o de interferir de forma abusiva con presuntos mensajes revelados en el progreso de la razón humana autónoma. Para esta última, no existen verdades sino opiniones; y, ya en este campo, ¿por qué la tuya tendría que valer más que la mía? (pag. 19)

 idiota

Jorge Luis Borges: El suicida.

Borges

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.

Poema de Philip Larkin: “Que éste sea el verso”.

philip larkin

Que éste sea el verso

Te cagan, tu mamá y papá.
Quizás no tengan la intención, pero lo hacen.
Te llenan con los defectos que tenían
Y agregan algo extra, sólo para ti.

Pero ellos fueron cagados a su vez
Por idiotas con sombreros y abrigos pasados de moda,
Que la mitad del tiempo eran sentimentaloides-severos
Y la otra mitad se tenían del cogote.

El hombre transmite miseria al hombre.
Se va ahondando como una placa costera.
Lárgate tan pronto como puedas,
Y no tengas tus propios niños.

Philip Larkin

Soliloquio de un individuo. Nicanor Parra en “Poemas y antipoemas”.

nicanor

Yo soy el Individuo.
Primero viví en una roca
(Allí grabé algunas figuras).
Luego busqué un lugar más apropiado.
Yo soy el Individuo.
Primero tuve que procurarme alimentos,
Buscar peces, pájaros, buscar leña,
(Ya me preocuparía de los demás asuntos).
Hacer una fogata,
Leña, leña, dónde encontrar un poco de leña,
Algo de leña para hacer una fogata,
Yo soy el Individuo.
Al mismo tiempo me pregunté,
Fui a un abismo lleno de aire;
Me respondió una voz:
Yo soy el Individuo.
Después traté de cambiarme a otra roca,
Allí también grabé figuras,
Grabé un río, búfalos,
Grabé una serpiente
Yo soy el Individuo.
Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía,
El fuego me molestaba,
Quería ver más,
Yo soy el Individuo.
Bajé a un valle regado por un río,
Allí encontré lo que necesitaba,
Encontré un pueblo salvaje,
Una tribu,
Yo soy el Individuo.
Vi que allí se hacían algunas cosas,
Figuras grababan en las rocas,
Hacían fuego, ¡también hacían fuego!
Yo soy el Individuo.
Me preguntaron que de dónde venía.
Contesté que sí, que no tenía planes determinados,
Contesté que no, que de allí en adelante.
Bien.
Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río
Y empecé a trabajar con ella,
Empecé a pulirla,
De ella hice una parte de mi propia vida.
Pero esto es demasiado largo.
Corté unos árboles para navegar,
Buscaba peces,
Buscaba diferentes cosas,
(Yo soy el Individuo).
Hasta que me empecé a aburrir nuevamente.
Las tempestades aburren,
Los truenos, los relámpagos,
Yo soy el Individuo.
Bien. Me puse a pensar un poco,
Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza.
Falsos problemas.
Entonces empecé a vagar por unos bosques.
Llegué a un árbol y a otro árbol;
Llegué a una fuente,
A una fosa en que se veían algunas ratas:
Aquí vengo yo, dije entonces,
¿Habéis visto por aquí una tribu,
Un pueblo salvaje que hace fuego?
De este modo me desplacé hacia el oeste
Acompañado por otros seres,
O más bien solo.
Para ver hay que creer, me decían,
Yo soy el Individuo.
Formas veía en la obscuridad,
Nubes tal vez,
Tal vez veía nubes, veía relámpagos,
A todo esto habían pasado ya varios días,
Yo me sentía morir;
Inventé unas máquinas,
Construí relojes,
Armas, vehículos,
Yo soy el Individuo.
Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos,
Apenas tenía tiempo para sembrar,
Yo soy el Individuo.
Años más tarde concebí unas cosas,
Unas formas,
Crucé las fronteras
y permanecí fijo en una especie de nicho,
En una barca que navegó cuarenta días,
Cuarenta noches,
Yo soy el Individuo.
Luego vinieron unas sequías,
Vinieron unas guerras,
Tipos de color entraron al valle,
Pero yo debía seguir adelante,
Debía producir.
Produje ciencia, verdades inmutables,
Produje tanagras,
Di a luz libros de miles de páginas,
Se me hinchó la cara,
Construí un fonógrafo,
La máquina de coser,
Empezaron a aparecer los primeros automóviles,
Yo soy el Individuo.
Alguien segregaba planetas,
¡Árboles segregaba!
Pero yo segregaba herramientas,
Muebles, útiles de escritorio,
Yo soy el Individuo.
Se construyeron también ciudades,
Rutas
Instituciones religiosas pasaron de moda,
Buscaban dicha, buscaban felicidad,
Yo soy el Individuo.
Después me dediqué mejor a viajar,
A practicar, a practicar idiomas,
Idiomas,
Yo soy el Individuo.
Miré por una cerradura,
Sí, miré, qué digo, miré,
Para salir de la duda miré,
Detrás de unas cortinas,
Yo soy el Individuo.
Bien.
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
A esa roca que me sirvió de hogar,
Y empiece a grabar de nuevo,
De atrás para adelante grabar
El mundo al revés.
Pero no: la vida no tiene sentido.

Miguel de Unamuno en “Niebla”: ¡Yo no soy yo! ¡Tú no eres tú!

Sólo a solas se sentía él; sólo a solas podía decirse a sí mismo, tal vez para convencerse, “¡yo soy yo!”; ante los demás mejido en la muchedumbre atareada o distraída, no se sentía a sí mismo.

Así llego a aquel recatado jardincillo que había en la solitaria plaza del retirado barrio en que vivía. Era la plaza un remanso de quietud donde siempre jugaban algunos niños, pues no circulaban por allí tranvías ni apenas coches, e iban algunos ancianos a tomar el sol en las tardecitas dulces del otoño, cuando las hojas de la docena de castaños de Indias que allí vivían recluidos, después de haber temblado al cierzo, rodaban por el enlosado o cubrían los asientos de aquellos bancos de madera siempre pintada de verde, del color de la hoja fresca. Aquellos árboles domésticos, urbanos, en correcta formación, que recibían riego a horas fijas, cuando no llovía, por una reguera y que extendían sus raices bajo el enlosado de la plaza; aquellos árboles presos que esperaban ver salir y ponerse el sol sobre los tejados de las casas; aquellos árboles enjaulados, que tal vez añoraban la remota selva, atraíanle como un misterioso tiro. En sus copas cantaban algunos pájaros también, de esos que aprenden a huir de los niños y alguna vez a acecarse a los ancianos que les ofrecen unas migas de pan.

¡Cuántas veces sentado solo y solitario en uno de los bancos verdes de aquella plazuela vio el incendio del ocaso sobre un tejado y alguna vez destacarse sobre el oro en fuego del espléndido arrebol el contorno de un gato negro sobre la chimenea de una casa! Y en tanto, en otoño, llovían hojas amarillas, anchas como de vid, a modo de manos momificadas, laminadas, sobre los jardincillos del centro con sus arriates y sus macetas de flores. Y jugababan los niños entre las hojas secas, jugaban acaso a recogerlas, sin darse cuenta del encendido ocaso.

Cuando llegó aquel día a la tranquila plaza y se sentó en el banco, no sin antes haber despejado su asiento de las hojas secas que lo cubrían – pues era otoño-, jugaban allí cerca, como de ordinario unos chiquillos. Y uno de ellos poniéndole a otro al tronco de uno de los castaños de Indias, bien arrimadito a él, le decía: “Tú estabas ahí preso, te tenían unos ladrones”. “Es que yo…”, empezó malhumarado el otro. Y el primero le replicó: “No, tú no eras tú…”. Augusto no quiso oir más; levantose y se fue a otro banco. Y se dijo: “Así jugamos también los mayores; ¡tú no eres tú!, ¡yo no soy yo!”. Y estos pobres árboles, ¿son ellos?  Se les cae las hojas antes, mucho antes que a sus hermanos del monte, y se quedan en esqueleto, y estos esqueletos proyectan su recortada sombra los empedrados al resplandor de los reverberos de luz eléctrica. ¡Un árbol iluminado por la luz eléctrica!, ¡qué extraña, qué fantástica apariencia la de su copa en primavera cuando el arco voltaico ese le da aquella apariencia metálica!, ¡y aquí que las brisas no los mecen…! ¡Pobres árboles que no pueden gozar de una de esas negras noches del campo, de esas noches sin luna, con su manto de estrellas palpitantes! Parece que al plantar cada uno de estos árboles en este sitio les ha dicho el hombre: “¡tú no eres tú!” y para que no lo olviden le han dado esa iluminación nocturna por luz eléctrica… para que no se duerman… “¡pobres árboles trasnochadores! ¡No, no, conmigo no se juega como con vosotros”.

Levantose y empezó a recorrer calles como un sonámbulo.